Hacer un IRONMAN…más allá de un reto deportivo, es un proyecto de VIDA.

Hace ya varios años que vengo viviendo el deporte de manera diferente, pasé de limitarme a ir a un gimnasio a hacer carreras de running de 10, 21 kms y hasta trail running de 25 kms y más. Pero había una disciplina que siempre me quedé viendo “desde la barrera”: la triatlón…por alguna razón y aunque me llamaba tanto la atención, siempre le huí sacando excusas como: “ahora no puedo porque empecé la maestría”, “imposible estoy haciendo la tesis”, “Muy difícil porque soy emprendedora y mi negocio está en una etapa crucial”…todas esas razones excusaban quizás un temor que guardaba y que no era capaz de enfrentar. Sacar excusas con el tiempo para la triatlón no es tan descabellado, son tres disciplinas a las que hay que dedicar un buen tiempo y las competencias son muy exigentes. Quizás aún no era el momento para mi.

 

El año pasado me decidí:  “Ya no quiero quedarme viendo a los demás irse a hacer una triatlón, este año lo voy a hacer, y va a ser mi proyecto de vida para el 2017”.  Con esta decisión tomada, la carrera que elegí fue nada más y nada menos que el IRONMAN 70.3 de Cartagena programado para el 3 de diciembre del 2017. Sonaba como una locura! la primera carrera de triatlón de mi vida, no iba a ser una sprint ni una olímpica, sino que me fui de una con 1,900 kms de natación, 90 kms de bicicleta y 21 kms de trote…una verdadera locura. Pero a mi no me pareció tan loco,  tenía 10 meses para prepararme y con el respaldo de mi entrenador Juan Jelipe Mondragón me embarqué en esta aventura.

 

Organicé un horario para poder entrenar todos los días y a la vez no bajar mi rendimiento en el trabajo, tenía que ser muy eficiente con el tiempo y esto definitivamente fue una de las fortalezas que me dejó este hermoso proyecto: la eficiencia. El tiempo es oro, y así mismo lo aprovechas y te da una estructura de vida mucho más organizada.

 

Empezaron los entrenos,  lo primero que quise empezar a resolver fue la natación y para esto tuve el increíble trabajo de mi entrenadora Dunia. Este deporte me fascinó, sentía que era un momento de relajación y paz entre todo lo que empezaba a vivir. Lo más duro fue enfrentar la bici, era un campo inexplorado para mi, no había hecho ciclismo nunca y esto era intimidante. La natación ya la había practicado antes y el running ni se diga, ese era mi “fuerte”, pero la bici….miedo total! No fue nada fácil, pero otra de las grandes satisfacciones de este proyecto fue vencer ese miedo, enfrentarlo, llorarlo, carme y volver a pararme hasta sentir que lo dominaba totalmente, así como se debe enfrentar cualquier otro miedo en la vida.

 

Esos diez meses transcurrieron entre largas jornadas de entrenos, 2 a 3 horas diarias más 4 a 5 horas cada día del fin de semana, un despertador sin descanso a las 4:45 am…incluídos sábados y domingos.  Mi alimentación la cuidé como nunca, pero también la disfruté, pues así como amo la comida saludable, también amo una pizza, un helado y una buena pasta…este fue otro placer que me permitió el entreno…comer un poco más, siempre en balance , pero con un disfrute sin culpa absoluta.

 

Cuando menos pensé, ya estaba a una semana del gran día , ya los nervios se apoderaban de mi, sentía taquicardia, ansiedad y a veces miedo…miedo de enfrentar tremenda prueba. Pero todos los factores se prestaron para disfrutar esto al máximo, el apoyo incondicional de mi esposo y mi familia, los buenos deseos de mis amigos y la excesiva buena energía de los más de 50 atletas del equipo Sportlab, mis entrenadores dándome toda la confianza y una seguridad propia que ni yo entendía de donde sacaba.

 

Llegó el 3 de diciembre,  el día antes habíamos hecho un entreno suave y nos habíamos dado abrazos de buena energía entre nosotros. Ya estaba todo listo. Los nervios eran inmensos, ver a todos esos atletas era aún más retador.

 

Desde el momento en que salté al agua decidí que me iba a gozar esta carrera absolutamente y que la serenidad era algo que debía primar en mi. Dieron el pitazo que marcaba el inicio de toda esta aventura y sin pensarlo dos veces empecé a nadar, a resolver “boya por boya” como me dijo mi profe, y así fue, boya por boya resolví. Sabía que no iba muy rápido, pero iba tranquila, me pasaba gente y otros me pasaban a mi…pero era mi carrera,  no me importaba nada más. Al salir del agua, después de esos 1900 kms, lo que sentí al ver a mi esposo, familia y amigos al borde de la barrera y escuchar sus gritos y su “barra” fue como si me dieran el suplemento vitamínico más poderoso para correr con toda la felicidad que podía sentir. Llegué a la transición a montarme a la bici, hice las cosas tranquila, sabía que empezaba la prueba más dura para mi y debía actuar con serenidad. Me monté y empecé a pedalear con la satisfacción de tener 1 prueba menos.

 

El primer momento de estrés llegó cuando apenas  a 10 minutos de haber salido del parque de bicicletas la cadena se aflojó y el plato no estaba donde debía estar…yo pensé “no puede ser…hasta aquí llegué”…solo pude seguir rodando y moviendo el cambio para poder subir el plato de la bici a donde tenía que estar…creo que pasaron unos 5 minutos (no sé si más o menos, fueron eternos), hasta que logré acomodarlo. Ahí seguí tranquila, me acomodé en mis acoples y sentía que todo iba a estar bien. Al pasar por la zona de “Los Morros” se empezó a sentir el viento en contra con mucha fuerza y pensé “Debe ser que por aquí ventea más duro, ahora se pasa…”….ahora nunca se pasó….el viento jugo en contra todos los primeros 45 minutos de ida, y una carrera que calculé hacer a unos 32 kms/hr me la estaba haciendo a 25 kms/hr…frustrante pero lo único que quedaba era la cabeza y la serenidad, así lo hice y así continué. En el regreso ya el viento jugaba a nuestro favor, y ahí aceleré el paso y mis sensaciones en la bici cambiaron, me sentí mejor, más rápida , más fuerte y capaz de poder hacer esto hasta el final.

 

Al llegar en la bici al parque de bicicletas tuve una sensación de victoria increíble…para mi ya había pasado lo más difícil y lo que quedaba era lo que yo ya llevaba haciendo por más de 6 años, correr. Al bajarme de la bici me sentí tan “entera”, tan fuerte y tranquila que llegué a pensar que los que decían que eso era duro eran unos exagerados, que eso no era así….pero que castigo el que me dio esta carrera , que enseñanza de humildad me dio, pues después de 5 kms de correr a un ritmo que ni yo me lo creía, bajo los 34 grados que calentaban ese día en Cartagena…mi cuerpo empezó a gritar “ ya no más!”….sentí como si me hubieran apagado, mareada, levemente desorientada, muy baja de energía…y supe que me faltaba comida….a pesar de que como Nutricionista que me había estudiado el tema y que había calculado cada momento de consumo en esta carrera, con lo que uno no cuenta es con las circunstancias y las condiciones, empecé a recordar que el estrés  y la dificultad de la bici no me dejaron comer como debí en ese momento., así que lo que me estaba pasando era una falta de energía pura.

 

La solución parecía sencilla: Comer. Pero no lo fue, todo lo que llevaba en mis bolsillos era dulce: bocadillos, gel, gomas…y mi cuerpo todo lo rechazaba, comía un bocado y al segundo lo escupía,  ahí la cabeza empezó a traicionarme….pero nunca dejé que el pensamiento de renunciar llegara. Me encontré a mi familia y amigos otra vez alentando y esto fue fundamental para seguir y meterme en la cabeza que como sea tenía que comer. Y así lo hice, empecé a comer, con mucho esfuerzo. En el km 8 aún no me recuperaba, sentía que perdía las fuerzas y ahí si empecé a dudar de poder llegar a la meta….todavía me faltaban 12 kms…de la nada y como caído del cielo sentí que alguien corría a mi lado y al voltear vi a mi esposo Federico….se me formó un nudo en la garganta porque quise llorar, parar, abrazarlo y decirle que me llevara  a la casa que ya no daba más. Me preguntó como iba y le dije “Más o menos…no me siento muy bien”…a lo que respondió “Amor vas demasiado bien….vas a un ritmo impresionante”….Eso fue como si me hubieran inyectado otra dosis de súper suplemento deportivo que me impulsó hasta el final. Los últimos 12 kms me los gocé como nunca creí, iba tranquila, serena, a buen paso y con la cabeza clara. Llegar a la meta fue una de las sensaciones más increíbles que he tenido hasta ahora.

 

Todas las horas de entreno, alternar entre el trabajo, la familia y este proyecto no es tarea fácil pero sin duda está llena de aprendizajes y solo cosas positivas.  De esta carrera queda una mejor versión de mí, queda un proyecto de VIDA que me va a quedar para toda la VIDA.

 

Lina María Valencia

Nutricionista Dietista, MSc Epidemiología

Fundadora y Directora en Nutrición en Movimiento